Hola mundo
Es tiempo que estoy buscando la manera de reducir la adicción que desarrollan mis peques a la pantalla. Si no es el celular es el xbox o el laptop o la tele. Terrible. Buscando un solución decidí tomar el día del Shabat en serio.
El sábado en la filosofía judía es un día muy especial. La palabra Shabat significa en hebreo parar todo lo que haces. No puedes manejar coche, no puedes cocinar ni hacer ningún otro tipo de trabajo lo que genera cambios en la realidad y lo más importante, aplica silencio electrónico en absoluto por 25 horas.
Fue una gran sorpresa, mis hijos recibieron mi propuesta muy bien. Para inaugurar nuestro primer Sábado de libertad fuimos acampar en un balneario hermoso.
Manejando al destino estuve pensando sobre nuestra falsa libertad moderna. De un lado estoy manejando doscientos caballos en forma de un coche con asientos de piel, quema coco y sistema de música suprema mientras la persona más rica del mundo hace unos cientos años andaba en la espalda de su caballo, todo sudando, respirando polvo o mojándose en la lluvia. Uno puede pensar que increíble es el avance de la humanidad pero pocos ponen atención a un detalle:
Yo, con mi super coche puedo moverme solo sobre una línea de asfalto. Puedo mirar el campo al rededor pero no lo puedo alcanzar. Estoy dirigido y limitado mientras el hombre con su caballo de hace cientos de años pudo ir a la dirección que se le dio las ganas.
Llegamos al balneario tarde. Tengo una hora de sol así que apuramos. Instalamos el campamento, prendimos las velas para recibir la Shabat, tomamos la primera y la óptima foto y todos apagamos los celulares hasta mañana en la noche.

Los celulares, canales de la tele y las redes sociales nos dan la sensación de libertad, el acceso inmediato a donde queremos ir, pero al mismo tiempo nos ponen sobre carreteras dirigidas. Al apagar toda esa tecnología por 25 horas, de repente tu mente agarra el caballo y va a donde quiere.
No fue fácil para esos chamacos andar en el campo sin la velocidad, sin el sistema de música. De repente uno empieza a escuchar su propio mente aun respirando polvo.
Fue maravilloso.
Hasta el próximo Shabat, Yaron.
