El secreto del vidrio roto

Hola mundo

sabes, si quieres decir popó en hebreo, se dice “kaka”. Popó de bebe se dice “kaki”, así de cariño. Pero si quieres decir mierda en hebreo, pero una mierda seria, se usa la palabra “jara”. Es por eso que cada ves que me dicen GuadalaJARA, me doblo de risa.

La primera ves que oí esta palabra fue cuando estuve todavía en mi servicio militar en Israel. Caí en el piso carcajeando de risa, casi no pude respirar, no solo por el nombre tan chistoso, si no, por la circunstancia. Recuerdo como si fuera ayer. Estuve leyendo las noticias mundiales como lo hice cada mañana y me topé con la noticia que en una ciudad en México se exploto el sistema de tubería subterráneo de agua negra por acumulación de gases. Una explosión que dañó severamente gran parte de la ciudad llamada Guadalajara. 

Media hora estuve en el piso doblado del dolor de la carcajeada. Es que perdón, no es mi culpa, pero en hebreo Guadalajara es como decir guada de la mierda y es en donde se explota el sistema de aguas negras. Hasta hoy día no aguanto el doble sentido.

Esos pensamientos pasan en mi mente porque estoy en camino a Guadalajara. Una ciudad preciosa que ya visité varias veces desde que llegué a México. Estoy soltando el puño de aceleración por un letrero verde grande que advierte: “curvas peligrosas”. La moto se pierde velocidad y otra vez se me sube la sonrisa bajo mi pasamontaña. Esas doble sentidos de entre idiomas son muy divertidos. “curva” en ruso significa puta y ver un letrero grande que dice curvas peligrosas es muy chistoso tengo que decir.

Guadalajara está en semáforo rojo igual como la capital. Aquí dicen botón rojo en lugar de semáforo por una razón. Llegamos en la noche. No sé con que se desinfectaron el enorme cuatro del hotel boutique, tuvimos que dejar las puertas y ventanas abiertas, esperar afuera un tiempo, para poder respirar. Salimos a pasear en el centro bajo luna llena. Las calles están limpias y vacías. Todo está cerrado por afuera y abierto por dentro. Bares, restaurantes, antros. Todos funcionan clandestinos. Se siente muy raro pasear en un calle vacío y obscuro que de repente se oye el música bombeando atrás de paredes y puertas cerradas.

En la madrugada levanté para escribir. Un plato que se quedo en el sofá se callo y rompió a cuatro pedacitos. En el primero momento sentí mal, es el segundo noche en Guadalajara y estamos en la casa del tío. Aquí nos reciben como reyes. Que comida, que generosidad y yo tan torpe, rompiendo plato bonito que unas horas antes estaba cargado con galletas deliciosas. Además, el sonido filoso del vidrio rompiendo en el silencio de la madrugada me congeló. Que pena.

Levantando las piezas del piso recordé que hay ocasiones en donde la gente rompen platos o vasos a propósito. En una boda judía, por ejemplo, el novio rompe vaso de vidrio, pisando lo después la ceremonia y enfrente de todos los invitados ¿Por qué?

Nadie sabe como se empezó y como puede ser que tantas culturas lo aplican pero la idea es que cuando se rompe algo de valor, se quita la energía dañina que se genera por envidia, celos, o lo que se llama “mal ojo”. En una boda, por ejemplo, aunque los invitados son amigos y familiares, puede ser que la envidia está en el aire. Cuando el novio rompe el vaso, se cree que esa energía se canaliza a esa perdida y se drena. Así se protege a los novios de su maldad.

más valor tiene el objeto que se rompe, o más pena te da por que se rompió, mejor funciona el mecanismo.

No se si es verdad o no, pero poniendo los pedacitos en la basura ya me siento mejor. Estamos por regresar y si alguien tuvo envidia en nosotros durante este viaje, pues, ahí está la energía, en la basura.

Hasta la próxima, Yaron.

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