Hola mundo
Hace casi tres años mi pequeño hijo, viviendo en la casa de su madre, adoptó un perro. Amo las perra pero a los perros no tanto, a empezar de que tuve varios machos de este tipo de animal en mi vida y quizá justo por eso. Son más bravos, territoriales, van atrás las hembras cómo si fueron humanos y orinan en todos lados. En total no me gustó la idea de que adoptó un perro macho, de otro lado quien me preguntó.
Este año escolar mi hijo pasó a vivir conmigo y claro, Firulay, su perro, también. La verdad, muy rápido enamore con él. Es una combinación rara de pastor australiano con pitbul. Es dulce, amoroso, juguetón y en el mismo tiempo cuidador y súper fuerte.

Firu tiene dos intereses mayores en su vida conmigo. Uno es ladrar sobre enemigos imaginarios en el bosque y el otro es robar lo que accidentalmente dejo suelto en la cocina y que se puede masticar.
Mi cocina es abierta. Flota 6 metros arriba de la tierra, rodeada con árboles. Tiene escaleras que bajan a un amplio jardín y otras escaleras, más anchas y cómodas suben a mi cómo casa de árbol enorme. En la casa existen otras escaleras tipo neverhood que suben a mi cuarto y en mi cuarto otros unos escalones para mi tapanco con paredes de vidrio templado. Mientras duermo ahí encima de los árboles en donde andan las neblinas, Firu duerme en la cocina. Duerme también en el día cuando está aburrido del jardín. Duerme no es exacto la palabra, está esperando, vigilándome, para ver cuando haré un error. Por ejemplo; si lo voy a dar a comer pan, nunca jamás lo va a comer pero si lo voy a dejar en la mesa del comedor, hohoho cómo lo va a robar y tragar.
Justo lo que paso ayer.
Puse unos chapatas en el tablero para preparar sándwiches gourmet para mis hijos y yo. En eso me llamó el dueño de este diablito por algo urgente. Dejé todo sin poner atención. Diez minutos después, regresando a mi tablero note que falta una chapata. Bajé al jardín y ahí estaba el perro con un cuarto de chapata en su boca. Furioso quite su manjar y lo regañe. Sabía que hizo algo mal y salió llorando. Que ternura. Luego lo regrese este pedacito. Que haré con poca chapata sucia y mordida. El obviamente ya no la quiso comer.
Tengo que entrenar este perro salvaje estuve pensando todo el día. Este mal educado ya me robó una barra de mantequilla, un pedazote de queso y más. En mi mente pasaron mini películas de cómo entrenar este dragón. En una película estoy dejando jamón con montón de chile súper picoso y el ladrón sale gritando. En otra puse camera, de esas que tienen bocina y se conecta al internet. Viéndolo robando estoy gritando en vivo y el pobre sale gritando. Eso de la camera es bueno. Imagínate que estás haciendo un pecado y de repente Di-s grita en tus oídos; PECADORRR. ¿Qué miedo verdad?
Anyway, pensé todavía en otros trucos, todo para que Firulay me deje a vivir en mi aldea en paz, cómo en los días antes de su llegada. Hasta pensaba en la opción de dejarlo en el jardín para siempre.
En la tarde, regresando de Malinalco en la moto, cruzando paisajes inexplicables, me llegó la respuesta. “oye” dijo un vos en mi cabeza, “es mucho más fácil educar un humano, ¿no crees?” tengo toda la razón respondí. Porque quiero educar un perro. Mejor educo a mí mismo para no dejar comida e ingredientes afuera de los closets y el refrigerador. Tiene mucho sentido. Primero soy más inteligente del perro (eso esperro:-), segundo, el entrenador y el alumno están juntos 24 horas así que tiene mucho más chance de éxito. Además, al entrenar a mí mismo, este entrenamiento me va a servir en otros aspectos en la vida.
Yo sé que es lo que me vas a decir. Eso de que tenemos que enfocar en nuestros mismos cuando tenemos problemas en la vida en lugar de intentar a regañar y corregir el otro, no es nuevo. Todos lo sabemos. Sin embargo el chiste es lograr verlo en ti mismo y no solo dar concejos. Somos muy sabios hasta que nos toca el asunto. Parar la vida y mirar en tu mismo en ojos de extranjero es el chiste y es lo que me ayudo a aprender mi gran maestro Firulay
Hasta el próximo maestro, Yaron.
