El secreto del metro

Hola mundo.

Amo el metro.

Cuando llegué a México hace más de 20 años, movía mucho con este transporte público. Fue mi única manera. Con los años construí mi propio establo y lo llené poco a poco con motos, coches y bicicletas así que ya es bien raro ver me moviendo en el metro.

El sistema del metro de México es increíble. Feo, peligroso, huele horrible, barato y muy eficiente. Mover en los trenes del metro es como meter en las venas de la ciudad. Estas aplastado con todos los glóbulos rojos y blancos, embarado con el acceso del colesterol, alcohol y miradas del mundo inferior. Una dimensión que está en el tuétano de la cultura mexicana lo que se puede describir con dos palabras – la neta.

Es por eso que tanto amo el metro.

Hoy tomé el metro para llegar al aeropuerto. Estoy regresando a Israel aun la dejé hace poco para acompañar mi padre en sus últimas días. Ayer lo llevaron al hospital por dificultad de respirar y los doctores lo dan 5 días. A ver.

Está bien. No tienes que sentir tan movido por mí ni por mi padre. Lo estoy pasando tranquilamente aún no es algo divertido. Mi padre tiene sus años. 93 completos. No toma medicinas, no sufre, está sano. Solo que la vela llegó al fondo. Terminó la cera. Lo que me hace sobrevivir la experiencia es saber que nadie empieza a vivir al nacer y nadie se muere cuando el cuerpo regresa a la tierra. Es normal ¿y sabes que? nos va a pasar también. Rezamos que será así como el camino maravilloso de mi increíble padre. Un ser, un alma más especial del oro. Mi padre…

Ay perdón por ser sentimental aquí esperando a abordar. Tú empezaste. Mi cuento de este post es sobre el metro. A enfocar. Pasó mucho tiempo desde que tomé el metro la última vez. Sí, hay camiones directos de pulman de Morelos que te dejan en la puerta del terminal pero cobran casi 500 pesos. Es un robo. Una vez regresando con mi hijo de los cabos, fue más económico tomar Uber a Cuernava de comprar dos boletos con esta nave lujosa. Con mi certificado de viejo (inamap) llego con cien pesitos al avión. Además extrañé esa adrenalina que te da el viaje subterráneo antes de volar en el aire. Ponte encima que hay que cambiar 3 trenes, pasar en zonas como Pantitlán en donde hay pasillos vacíos, sucios y obscuros con todas maletas coquetonas, vestido de boda y reloj llamativo. Que diversión.

Desde taxqueña y hasta el aeropuerto pasaron 50 minutos más o menos. Fue viaje en el tiempo literal. Todo quedó como lo recordé hace docena de años. Las escaleras de mármol degastadas por miles de millones de zapados que las ligaron en una manera que da envidia al agua. Los inválidos  que pasan y ofrecen sus mercancías china baratas en precio ridículamente más barato de que un chino puede imaginar. Los olores feos que siempre me hace recordar esta ciudad enorme en México que tiene el nombre de una caca – Guadalajara. “Jara” significa caca en árabe y hebreo. Fue una ciudad en España que estaba construida encima de aguas negras y por el olor tan espantoso la dieron este nombre los musulmanes que dominaron España en esta época. Pues, de un razón extraño o quizá por ignorancia, en México adoptaron este nombre asqueroso. ¿Impresionante verdad?

Sin embargo, desde el primer vagón que penetré con codos y validad, me di cuenta que algo nuevo está pasando en el metro. Algo que está encima de todo, que da nuevo toque en las venas enfermas del animal.

Los celulares.

Soy alto relativamente. Parado en el metro casi toco el techito con mis pelos gris y puedo escanear todo el espacio. La gente están conectadas. Viendo tik toks, instegrams, videos de IA y otras cosas que no se nombrar. Sin vergüenza, sin sentimiento de privacidad, todos están enchufados al monstro. Wow, eso sí fue impactante.

El celular y las redes sociales no son tierra de gente con privilegia. No estuve consiente como la gente humilde, como la cultura mexicana que una vez fue tan hermosa, tan rica y con diversión enorme de colores, sabores, talento y sabiduría, hoy día se puede definir con dos palabras – Tik tok.

En el aeropuerto existia una tienda hermosa llamada Adoro Mexico. Ya no esta. La fundió un gran amiga mía que seguro la conoces por la seria del Netflix basada en su novela. Recuerdo los productos auténticos del orgullo mexicano que esta tienda llevó al mundo y estoy preguntando ¿a donde fue?. La respuesta esta en el imagen que creo la inteligencia artificial despues leer mi post.

Que hacemos. Cómo podemos salvarnos de las uñas del contenido tan venenoso que puedo ver aquí en los vagones del metro consumiendo las mentes de la gente inocentes.

No lo sé.

Hasta mi regreso, Yaron.